Ante la emergencia, Frente a la Pobreza reitera al gobierno de México la urgencia de continuar con la política de recuperación del ingreso de los trabajadores, eliminar todas las prácticas de subcontratación laboral abusivas y emprender de inmediato las reformas necesarias para construir en México un sistema universal de protección social...

Mediante una iniciativa que pretende reformar los artículos 4 y 123 de la Constitución Mexicana, los integrantes del PT en el Senado de la República buscan proteger el bienestar y la dignidad humana de los trabajadores mexicanos.

A pesar de que la reciente reforma laboral representa avances en busca de una libertad sindical, quedó “mocha” en protección a los derechos de los trabajadores y los mantiene “expuestos y en situación de vulnerabilidad” Cilas.

En México, la reconstrucción del Estado de bienestar implica atender los siguientes grandes ejes estratégicos: contratación colectiva y de la sindicalización, especialmente en el sector privado, erradicando los llamados contratos de protección, seguro de desempleo, regularización de la subcontratación...

¡Nuestras demandas no son virtuales! 

Información publicada en  https://www.eluniversal.com.mx/opinion/alejandro-espinosa-yanez/instantaneas-sobre-la-situacion-del-trabajo-en-mexico-para

 

18/04/2020 

Remontémonos unos años atrás. En un documento publicado en 2007, Ulrich Beck planteaba que Alemania (y el mundo occidental en general) presentaba una tendencia a la caída del empleo “típico” (el de los gloriosos treinta años, el taylorista-fordista), lo que acercaba a los países ricos, desarrollados, a la situación de los países del Sur, bajo el efecto Brasil, la brasileñización de Occidente. ¿Qué características le distinguen? La respuesta apuntaba a la “irrupción de lo precario, discontinuo, impreciso e informal”. Así las cosas, podemos hablar de brasileñización o bien mexicanización, pues esas características están presentes en lo ordinario en nuestro país. Ilustramos grákcamente lo que planteaba Beck. page1image29503488.png

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 Este escenario exige, sin duda, modikcaciones en la actual coyuntura sanitaria. Asimismo, la brasileñización está más cerca que nunca en la realidad del trabajo mundial.
Ahora atisbemos en años recientes en México, con base en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En la estadística oficial mexicana, en la franja del 40%, los trabajadores mexicanos no tienen acceso a prestaciones de Ley, con el efecto inmediato en ellos y en su descendencia. Vale señalar, asimismo, que en la información sobre el sector informal hay un subregistro, por las dificultades de contar con información de un conjunto de actividades, por ejemplo, el caso más claro, de las actividades ilícitas. Varios artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos son ignorados en esta realidad laboral: la realidad mata la normatividad jurídica. 

Como se señaló en una colaboración anterior, de cada 100 trabajadores, un poco más de 50 tienen contrato escrito – más allá de su temporalidad-, lo que pone claramente sobre la mesa la condición de inseguridad e incertidumbre que está presente en la realidad laboral mexicana. En este campo problemático podemos acudir a A. Bialakowsky, sociólogo argentino, cuando distingue en lo pertinente a condiciones de trabajo a las condiciones vitales, que son las registradas en las leyes y normas laborales (en el caso mexicano, lo consagrado en la Ley Federal del Trabajo y que Bialakowsky caracteriza como “los requisitos mínimos debajo de los cuales peligra la sobrevivencia del trabajador, ya sea por causa de mortalidad, morbilidad o discapacidad que afectan tanto la vida en sí como la vida laboral del trabajador”), y las básicas de trabajo, que son el resultado de la contratación colectiva, y que se sitúan por encima de este piso mínimo jurídico-laboral. El surrealismo mexicano aporta un tercer desnivel: el sótano en las condiciones de trabajo, con una invisibilidad que vulnera al sujeto. 

Ha aumentado el número de trabajadores ubicados en las jornadas más cortas. Al mismo tiempo, se aprecia una disminución en el número, en relativos, de trabajadores ubicados en las jornadas más extensas. En la jornada de trabajo que va de 35 a 39 horas, no se puede concluir que haya disminuido. Enfáticamente dicho, este proceso de cambios en los tiempos de las jornadas de trabajo, en su acortamiento en algunos casos, no son producto de las exigencias y luchas de los trabajadores, sino de las estrategias del capital, y de una política de Estado que las cobija, al menos hasta el pasado reciente. 

En otra instantánea se distingue a los que trabajan y perciben ingresos, por otro lado la disminución del trabajo sin pago, que seguramente tenía como propósito central contribuir al sustento familiar, que en general ha vivido una disminución; sin embargo, donde más se concentra es en las unidades económicas más pequeñas las más frágiles. Ya que hemos aludido a ingresos, veamos cómo se presenta el problema en la realidad laboral mexicana. Ubiquemos en el siguiente cuadro cuatro años registrados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE- INEGI), para constatar lo que estamos akrmando. 

Pasando estos datos poblacionales absolutos a porcentajes, nos permite apreciar claramente que los grupos de más recursos se han estrechado, en tanto han aumentado los porcentajes en los grupos que perciben menos ingresos. 

Para una mayor visualización del problema, grakquemos estos datos. 

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