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Durante la pandemia uno de los temas más urgentes es la protección del personal sanitario, integrado por más de 9 millones de personas en todo el continente, buena parte de las cuales trabaja sin estabilidad laboral y en medio de diversas formas de discriminación.

De enero a marzo de 2020, la población que laboró en informalidad sumó 31 millones 041 mil 234 personas en México. Esta cantidad significó un incremento de 0.8 por ciento respecto al mismo periodo del año previo. Es decir, en un año 237 mil 933 personas se sumaron a las filas de la informalidad.

Los 2000 millones de trabajadores del sector informal tienen ante sí un dilema durante la pandemia del coronavirus que no pueden resolver: ir a trabajar o morirse de hambre.

La OIT emitió una alerta sobre el impacto de las medidas de confinamiento por Cvid19 sobre los trabajadores informales.

Violencia física, sexual, sicológica y económica, precariedad laboral, labores domésticas sin renumeración, discriminación y dependencia económica de los hombres, son los problemas que enfrentan las mujeres en Latinoamérica durante la pandemia declarada por COVID-19.

El despido masivo de trabajadores provocará que las personas engrosen las filas de la informalidad ocasionando una menor recaudación tributaria durante éste y los próximos años

Información publicada en  https://www.eluniversal.com.mx/opinion/alejandro-espinosa-yanez/instantaneas-sobre-la-situacion-del-trabajo-en-mexico-para

 

18/04/2020 

Remontémonos unos años atrás. En un documento publicado en 2007, Ulrich Beck planteaba que Alemania (y el mundo occidental en general) presentaba una tendencia a la caída del empleo “típico” (el de los gloriosos treinta años, el taylorista-fordista), lo que acercaba a los países ricos, desarrollados, a la situación de los países del Sur, bajo el efecto Brasil, la brasileñización de Occidente. ¿Qué características le distinguen? La respuesta apuntaba a la “irrupción de lo precario, discontinuo, impreciso e informal”. Así las cosas, podemos hablar de brasileñización o bien mexicanización, pues esas características están presentes en lo ordinario en nuestro país. Ilustramos grákcamente lo que planteaba Beck. page1image29503488.png

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 Este escenario exige, sin duda, modikcaciones en la actual coyuntura sanitaria. Asimismo, la brasileñización está más cerca que nunca en la realidad del trabajo mundial.
Ahora atisbemos en años recientes en México, con base en información del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). En la estadística oficial mexicana, en la franja del 40%, los trabajadores mexicanos no tienen acceso a prestaciones de Ley, con el efecto inmediato en ellos y en su descendencia. Vale señalar, asimismo, que en la información sobre el sector informal hay un subregistro, por las dificultades de contar con información de un conjunto de actividades, por ejemplo, el caso más claro, de las actividades ilícitas. Varios artículos de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos son ignorados en esta realidad laboral: la realidad mata la normatividad jurídica. 

Como se señaló en una colaboración anterior, de cada 100 trabajadores, un poco más de 50 tienen contrato escrito – más allá de su temporalidad-, lo que pone claramente sobre la mesa la condición de inseguridad e incertidumbre que está presente en la realidad laboral mexicana. En este campo problemático podemos acudir a A. Bialakowsky, sociólogo argentino, cuando distingue en lo pertinente a condiciones de trabajo a las condiciones vitales, que son las registradas en las leyes y normas laborales (en el caso mexicano, lo consagrado en la Ley Federal del Trabajo y que Bialakowsky caracteriza como “los requisitos mínimos debajo de los cuales peligra la sobrevivencia del trabajador, ya sea por causa de mortalidad, morbilidad o discapacidad que afectan tanto la vida en sí como la vida laboral del trabajador”), y las básicas de trabajo, que son el resultado de la contratación colectiva, y que se sitúan por encima de este piso mínimo jurídico-laboral. El surrealismo mexicano aporta un tercer desnivel: el sótano en las condiciones de trabajo, con una invisibilidad que vulnera al sujeto. 

Ha aumentado el número de trabajadores ubicados en las jornadas más cortas. Al mismo tiempo, se aprecia una disminución en el número, en relativos, de trabajadores ubicados en las jornadas más extensas. En la jornada de trabajo que va de 35 a 39 horas, no se puede concluir que haya disminuido. Enfáticamente dicho, este proceso de cambios en los tiempos de las jornadas de trabajo, en su acortamiento en algunos casos, no son producto de las exigencias y luchas de los trabajadores, sino de las estrategias del capital, y de una política de Estado que las cobija, al menos hasta el pasado reciente. 

En otra instantánea se distingue a los que trabajan y perciben ingresos, por otro lado la disminución del trabajo sin pago, que seguramente tenía como propósito central contribuir al sustento familiar, que en general ha vivido una disminución; sin embargo, donde más se concentra es en las unidades económicas más pequeñas las más frágiles. Ya que hemos aludido a ingresos, veamos cómo se presenta el problema en la realidad laboral mexicana. Ubiquemos en el siguiente cuadro cuatro años registrados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE- INEGI), para constatar lo que estamos akrmando. 

Pasando estos datos poblacionales absolutos a porcentajes, nos permite apreciar claramente que los grupos de más recursos se han estrechado, en tanto han aumentado los porcentajes en los grupos que perciben menos ingresos. 

Para una mayor visualización del problema, grakquemos estos datos. 

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